Fiebre amarilla: una amenaza creciente en tiempos de cambio climático
- 19 jun
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Por Gabriela Narvaez
A mediados del 2025 la Organización Panamericana de la Salud (OPS) emitió una alerta epidemiológica para América Latina por el alarmante aumento de casos de Fiebre Amarilla, que hacia finales de 2025 sumó un total de 346 casos y 143 defunciones a lo largo de 7 países de la región. Perú figuró dentro de los países más afectados con un total de 49 casos y 19 defunciones a causa de esta enfermedad y, en lo que va del año, el Repositorio Único Nacional de Información en Salud (REUNIS) reporta un total de 21 casos con 2 defunciones.
Las causas detrás de este repentino aumento de casos en la región son múltiples. Un primer factor transversal es el cambio climático. El aumento de temperatura y la mayor presencia de lluvias provoca que el mosquito Aedes Aegypti, portador del virus de la fiebre amarilla y del dengue, tenga contextos óptimos de incubación y reproducción, haciendo que los mosquitos aumenten y se muevan a zonas nuevas. Otro motivo vinculado al aumento de casos es la creciente urbanización que conlleva a un desplazamiento de los mosquitos desde sus hábitats naturales. Este desplazamiento combinado con condiciones socioeconómicas e infraestructurales de zonas periurbanas o recientemente urbanizadas, aumenta el riesgo de exposición de los habitantes. Asimismo, el bajo control pese a una alta movilidad en zonas fronterizas complica las estrategias de control vectorial, sobre todo al considerar que países fronterizos como Bolivia presentan una alta proporción de casos y defunciones actualmente. Sin embargo, no se observan esfuerzos sostenidos conjuntos entre países para el control de enfermedades infecciosas.

La vacunación es una medida central de prevención para la fiebre amarilla que actualmente pertenece al esquema nacional de vacunación para los niños que han cumplido 15 meses. Sin embargo, esta inclusión no se oficializó hasta el 2004, lo que implica que no formó parte del esquema de vacunación para parte importante de la población adulta. Además, las campañas de vacunación para adultos se concentran en zonas de riesgo o son solicitadas en casos específicos para viajes internacionales. En ese sentido, se limita el registro agregado del total de la población que se ha vacunado, lo que obstaculiza alcanzar la cobertura de vacunación necesaria para lograr la inmunidad de rebaño.
En los registros públicos del REUNIS, solo se cuenta con información de la vacunación en niños de 15 meses quienes llegaron a un 79.8% de cobertura a nivel nacional en 2025, cercano al 80% de cobertura que el Ministerio de Salud (MINSA) ha propuesto como meta mínima. Además, se ha observado un aumento constante en la cobertura de vacunación en los últimos años.

A pesar de ello, la mayoría de los departamentos ubicados en zonas endémicas aún no alcanzan la cobertura mínima de vacunación propuesta por el MINSA. Históricamente, el Centro Nacional de Epidemiología, Prevención y Control de Enfermedades (CDC Perú) ha reportado en sus salas situacionales brotes recurrentes de fiebre amarilla en departamentos amazónicos como Loreto, Amazonas, San Martín, Madre de Dios, Junín y Huánuco. En particular, algunos de estos departamentos presentan coberturas de vacunación por debajo del promedio nacional, como Ucayali (66,4 %), Madre de Dios (76,3 %) y Loreto (77,7 %), lo que incrementa su vulnerabilidad frente a futuros brotes.

La baja cobertura de vacunación observada en Loreto y Madre de Dios es particularmente preocupante debido a su ubicación fronteriza. En especial, Madre de Dios limita con Bolivia, el país que más recientemente ha registrado un importante brote de fiebre amarilla en la región, lo que incrementa el riesgo de introducción y propagación de la enfermedad. Asimismo, la información disponible sobre la cobertura de vacunación en la población mayor de cinco años es limitada. Si bien se reportan cifras de cobertura, estas no se contrastan con metas establecidas ni con porcentajes acumulados, lo que dificulta evaluar si los esfuerzos actuales de vacunación son suficientes para alcanzar niveles adecuados de protección. A pesar de ello, los datos disponibles muestran un incremento sostenido y relativamente uniforme de la cobertura de vacunación contra la fiebre amarilla a nivel nacional durante los últimos años.

Para alcanzar la inmunidad colectiva frente a la fiebre amarilla, se estima que al menos el 80 % de la población debe estar vacunada, no solo los niños. Por ello, además de mantener las campañas de vacunación infantil, es necesario fortalecer las estrategias dirigidas a la población adulta. Aunque las coberturas de vacunación han mejorado en los últimos años, los avances siguen siendo insuficientes, especialmente en las zonas endémicas. Factores como la desinformación promovida por movimientos antivacunas y las interrupciones ocasionadas por la pandemia de COVID-19 han contribuido a esta situación. Sin embargo, el problema va más allá. A pesar de que el presupuesto destinado a inmunizaciones ha aumentado, las mejoras no se reflejan de manera uniforme en las regiones con mayor riesgo, lo que sugiere desafíos persistentes en la planificación y ejecución de las estrategias de vacunación.
Estas brechas son especialmente preocupantes en un contexto de cambio climático y creciente movilidad humana. El desplazamiento de personas puede facilitar la introducción del virus en nuevas áreas, mientras que la e xpansión de los mosquitos vectores aumenta el riesgo de transmisión en territorios donde gran parte de la población no está protegida. Como resultado, la posibilidad de que la fiebre amarilla se expanda o reaparezca en zonas urbanas representa una amenaza cada vez más relevante para el país. Frente a este escenario, fortalecer la vigilancia epidemiológica y ampliar las campañas de vacunación, especialmente entre la población adulta, será clave para prevenir futuros brotes y proteger a las poblaciones más vulnerables.
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